La endodoncia carga con una fama que no merece. Es, en realidad, el tratamiento que evita que pierdas un diente.
Qué es
Dentro de cada diente hay un tejido blando llamado pulpa, que contiene los nervios y los vasos sanguíneos. Cuando ese tejido se inflama o se infecta, duele, y la infección puede extenderse hacia el hueso que rodea la raíz.
La endodoncia consiste en retirar ese tejido comprometido, limpiar y desinfectar el interior de los conductos, y sellarlos. El diente queda sin pulpa pero conserva su raíz, su estructura y su función.
Cuándo se necesita
Las señales más comunes: dolor intenso y espontáneo, sensibilidad marcada al frío o al calor que se queda un rato después de retirar el estímulo, molestia al morder, inflamación de la encía cerca de un diente, o un diente que cambió de color.
También puede indicarse tras una caries profunda o un golpe fuerte, aun sin dolor.

Por qué vale la pena conservarlo
La alternativa a la endodoncia suele ser la extracción, y perder un diente arrastra consecuencias: los vecinos se inclinan hacia el espacio, el hueso de la zona se reabsorbe, y reemplazarlo después implica un tratamiento más complejo.
Conservar el diente natural casi siempre es la mejor opción.
Lo que sigue después
Un diente endodonciado queda más frágil que uno intacto, porque perdió estructura interna. Por eso el tratamiento no termina al sellar los conductos: hay que restaurarlo adecuadamente para protegerlo de una fractura.
Dejar un diente endodonciado sin su restauración definitiva es de los errores más costosos, porque puede terminar en la pérdida del diente que acababas de salvar.
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